Nunca me había sucedido algo parecido, y no creo que vuelva a pasarme.

Se sentó a mi lado en el autobús de vuelta a casa, y nos pusimos a hablar. Me pareció una chica interesante…y guapa.

No sé siquiera su nombre, pero tras unos minutos de tímida charla ya había entrado en el círculo de personas con las que tal vez quizás…

Me invitó a un concierto, ni siquiera recuerdo el artista sólo sus increíbles ojos claros. No puedo imaginar el valor que tuvo que reunir para hacer algo parecido, yo jamás lo hubiese conseguido.

Por eso me dolió tanto tener que decirle que no, que estaba casado, y que aunque me parecía una persona muy interesante no podía ir con ella.

La cabeza a veces ordena cosas que el corazón no entiende, y no hay respuestas buenas o malas, sólo la vida que se va haciendo día a día, pero debo admitir que quizás las cosas podrían haber sido distintas.

Tras las torpes disculpas, su azoro y las miradas huidizas cargadas de vergüenza, nada volvió a ser igual durante el resto del trayecto hasta Getafe.

Se bajó en la primera parada, la del paseo arbolado que da frescor a la Universidad en Primavera, quizás fuese una profesora asociada, o una alumna tardía. Se despidió de mí y pude notar cierta tristeza en sus ojos, la misma que atenaza mi corazón desde ese momento.

Un sencillo adiós y un beso amigable que sabía a perpetuidad, y desapareció paseo abajo mientras yo trataba de seguirla con la mirada.

El autobús arrancó con su carraqueo particular y se adentró en la ciudad, dejando atrás uno de los momentos más mágicos que había vivido.

Siempre espero volver a verla, en cada trayecto de autobús, en cada paseo dominical por el paseo de la Unoverdidad, a cada giro de una esquina…y mi corazón siempre se preguntará qué hubiese pasado, y ese …”y si?” me perseguirá hasta el día que me muera.

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