Ese nivel se encuentra, al igual que los dos inmediatamente superiores, el 253 y el 254, y el inferior, el 256, bajo el dominio de una poderosa vampiresa, Igartha de Uzanthune, la Niña Vampira, Señora de los Condenados y Matriarca de la Sangre.

Llegó hace décadas a la Fortaleza del Viento Sollozante, y utilizó sus impresionantes poderes como vampiro centenario, su apariencia inofensiva y su gran inteligencia para subyugar a los bandidos que habían ocupado parte del nivel 255 del dungeon.

Poco a poco, y en parte gracias a la ventaja que los vampiros tienen en un mundo sin sol, fue expandiendo su dominio por ese nivel, y los adyacentes, subyugando, convirtiendo y destruyendo cuando le era necesario, a sus rivales.

En algunos segmentos de los cuatro niveles que controla todavía hay resistencia que trata de oponerse a ella, pero su situación es cada día más desesperada, y en pocos años desaparecerá, si no recibe ayuda de fuera o de otros niveles, dejando a la regente no muerta las manos libres para expandirse a otros dominios.

La única entrada desde el exterior a los dominios de la Niña Vampira de Uzanthune se encuentra en el Este, y no difiere mucho de otras entradas corrientes a la Fortaleza del Viento Sollozante. Accediendo desde uno de los puentes de roca tallada que, de cuando en cuando, cruzan el vacío que separa la fortaleza de la caverna que la aloja, el pontón de piedra repleto de arcaicos ornamentos conetca la pared de la gruta con una plataforma de piedra en el exterior de la Fortaleza.

El viento aullante hace muy complicado que los personajes se comuniquen de otra forma que no sea a gritos, e incluso en el interior, tras las paredes de roca, se escucha el susurro eterno de los vientos que golpean la estructura.

La puerta de acceso semiderruída y sin vigilancia es un claro síntoma de que los habitantes de esa parte del dungeon no se preocupan mucho por las tareas de mantenimiento.

Sorteando la piedra derruída, y las extrañas maderas fósiles que sus constructores usaron para erigirla, se accede a un ancho pasillo de ma´s de siete metros de ancho (1a) que no es sino parte del puesto de guardia que antaño vigilaba el acceso a esa parte de la Fortaleza.

Toda esta zona ha sido reconstruida varias veces por sus sucesivos moradores, quedando ya poco de la estructura de roca primigenia. Ahora, muros de terracota y arenisca le dan al lugar un aspecto abandonado.

Poco seres habitan ya aquí, excepto algún monstruo errante que el Dungeon Master puede poner a su antojo, aunque mi recomendación es que utilice una arpía o una bandada de stirges para atacarles si han cruzado el puente, algún enjambre de ratas (sala 2b) y algunos de esqueletos en las zonas 3 (2 esqueletos), 7 (3 esqueletos) y 1b (1).

En la zona 4, sin embargo, hay un esqueleto guerrero, el antiguo capitán de la guardia, esclavizado a ese lugar por los sirvientes de la Niña Vampira, con el triple de estadísticas y habilidades que sus congéneres de las salas adyacentes.

Habitaciones:

  • 1a) Entrada desde el exterior.
  • 1b) Sala de Guardia.
  • 2a y 2b) Un aljibe con agua donde antaño los guardias se aseaban, y un retrete repleto de ratas.
  • 3) Los barracones de los guardias (5), donde quizás, entre los maderos de las literas desvencijadas, quede algo de valor.
  • 4) Habitación del Capitán de la Guardia
  • 5) Entrada al nivel 255, con dos garitas de guardia abandonadas.
  • 6) Viejas Cocinas
  • 7) Comedor de la guardia
  • 8) Armería. Nada queda ya aquí, excepto alguna hoja herrumbrosa.

Lo último que verán los personajes si exploran todo este complejo, antes de abandonarlo por la puerta de la sección 5, será un escudo heráldico grabado en piedra sobre el dintel de roca.

FVS - Nivel 255 Entrada.png

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