Con Semilla comenzamos nuestra andadura por los mundos de Eclipse Phase.

De momento, arrancamos con una aventura para personajes intermedios o principiantes, lo que, ni mucho menos, quiere decir que su fracaso no tenga consecuencias importantes para sus “empleadores” y para la Transhumanidad.

A veces en las cosas más sencillas está la salvación, y tras lo simple, se esconde la grandeza.

Introducción: Semilla es una aventura que llevará a los personajes a un hábitat en órbita cerca el sol, en pos de cumplir una misión que puede tener mucha más trascendencia de la que en principio, nadie, ni siquiera sus proxys en Firewall, podrían imaginar.

Como centinelas de Firewall (vamos a empezar las andanzas de este blog con una campaña básica, ya tendremos tiempo de complicarlo a medida que vayamos explorando el sistema solar), los personajes serán contactados por la organización para llevar a cabo una misión de rescate que, aparentemente, se trata de una misión normal. Obviamente en Eclipse Phase, así como en todo lo transhumanista, el término “normal” suele tener unas connotaciones mucho más amplias que en nuestro mundo.

Si logran superar los peligros de la aventura, los personajes habrán realizado un gran bien para la Humanidad (permitidme llamar así también a la Sociedad Transhumana, pues bajo mi entendimiento la una no es sino la continuación de la otra), aunque quizás no en la forma en la que nadie espera.

La aventura puede transcurrir en cualquier momento después de la Caída, pero se recomienda que al menos hayan transcurrido veinte o veinticinco años.

Semilla

Los personajes son llamados a capítulo por su contacto en Firewall, pues esta “organización” tiene una misión para ellos. Los personaje son “centinelas” de Firewall, pero quizás hayan sido reclutados recientemente, y debas explicarles cómo funciona esto.

Deben realizar un encargo para esta organización, cuyo objetivo es proteger a la Humanidad de los peligros ignotos que la acechan, tanto en el exterior como en el interior. Deben, por lo tanto, confiar en que su misión es por un bien mayor, aunque claro, cada uno tendrá sus motivos particulares para aceptarla.

Caso de no tener un contacto regular en Firewall, el Director puede utilizar a Bowen. Bowen es un viejo Explorador Titanés ya retirado (ya era mayor cuando realizaba su antiguo trabajo) que fue reclutado por Firewall por su experiencia organizando equipos. Inusualmente, prefiere hacer su trabajo de reclutamiento en persona, al contrario que otros agentes de la organización.

Bowen se presentará a ellos y les contará en qué consiste su misión, que, si la aceptan, les llevará hasta las órbitas cercanas al sol.

Allí, en la estación Ícarus les espera un objeto que tienen que traer a su estación base. El objeto no es otro que una semilla de rafflesia arnoldii, una inmensa planta cuya flor pestilente se creía perdida para siempre durante la Caída, cuando Indonesia fue arrasada. Era considerada la segunda mayor flor del mundo cuando todavía quedaban bosques y selvas que visitar.

En este período oscuro se perdieron demasiados tesoros naturales, y aunque hay genetistas y nanotecnólogos que dicen poder replicar cualquier ser vivo, existen muchos altos señores y organizaciones que pagan enormes sumas por ejemplares “reales” rescatados de la tierra, les explica Bowen. “Se han perdido demasiadas cosas como para no tratar de aprovechar la oportunidad de rescatar algo que creíamos perdido, echo de menos las amapolas y los dientes de león” – les dice.

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Por supuesto, los personajes no son ingenuos, y pueden preguntarle qué clase de beneficios o favores espera Firewall conseguir con el polen y semillas de esta extraña planta, pero obviamente no les dirá nada.

El grupo que ha logrado recolectar las semillas ha propuesto como punto de intercambio una plataforma orbital que gira entorno al Sol llamada Ícarus, y perteneciente al rico grupo corporativo colectivista llamado los Helionitas, o la Corporación Helion, como se la denomina  comercialmente. Su objetivo primario es crear el primer toroide alrededor del Sol, para lo que planean recolectar riquezas durante siglos hasta que puedan reunir el dinero, energía y recursos suficientes como para lograr su objetivo.

Recientemente, gracias a su infiltración en numerosos círculos de influencia, están muy de moda en las fiestas nobiliarias y corporativas, donde reclutan jóvenes ricos con la promesa de que sus miembros inscribirán sus nombres en la Historia de la Transhumanidad, cuando construyan, dentro de unos siglos, el primer anillo de muchos alrededor del Sol, y los Helionitas puedan utilizar el inmenso poder que esto les daría para expandir sus objetivos.

Si los personajes aceptan, serán enviados en un lento carguero o, si es posible y aceptado por ellos, reenfundados en nuevos cuerpos en un crucero de Firewall próximo a Ícarus (ésta es una de las características que más me gustan de Eclipse Phase, un Director con ganas de divertirse puede hacer cosas muy graciosas con esto).

Si prefieren, por contra, un método de transporte más tradicional, verán que el sistema Solar no es el lugar seguro en que los holovideos propagandísticos dicen que se está convirtiendo, y serán asaltados por bandidos durante el trayecto a Ícarus.

La Plataforma Ícarus

Ícarus es un experimento de los Helionitas, uno de muchos, con los que esperan testear las condiciones necesarias para su plan. En el caso de Ícarus está dedicado a la experimentación alimentaria, al crecimiento vegetal y a la investigación biológica.

Cuando lleguen a la plataforma, podrán observar una serie de hábitats interconectados cubiertos con cúpulas transparentes que filtran a discreción las diferentes radiaciones que el cercano astro irradia sobre ellos, permitiendo numerosos niveles de experimentos biológicos.

La estación está férreamente controlada por los Helionitas, pero dado que es una estación comercial además de investigación, nadie se extrañará de ver a extranjeros paseando por los pasillos.

Ícarus tiene una pequeña población de diez mil técnicos, científicos, comerciales de semillas y sus familias, así como agentes de corporaciones, o enviados de comunidades externas dispuestos a hacer negocios en la estación, comprando la última variedad de semilla adaptada a la sequía de la Corporación Helion.

Los personajes podrán moverse con bastante libertad por la estación, si sus movimientos se circunscriben a las áreas de ocio, residenciales y comerciales y no les llevan a los laboratorios ni los hábitats de experimentación.

Eso les permitirá quedar con su contacto en el punto de encuentro, un bar llamado La Luz de Ra (sí, los Helionitas son tan obvios como para poner nombres relacionados con el Sol a todo lo que hacen), la sutileza no es lo que les ha traído hasta aquí, sino la evocadora y poderosa idea del astro rey sirviendo a la Transhumanidad, así que están dispuestos a aprovechar esto en su favor.

Durante el trayecto a La Luz de Ra los personajes sufren una emboscada de matones (el director puede elegir el tipo que desee) y todos ellos terminan declarando frente a las autoridades locales, la Policía Interna de los Helionitas, a la que no le hará mucha gracia que nadie rompa la paz de sus hábitats.

Si los personajes logran convencer a los Rayos (si, lo sé…) de que ellos fueron los agredidos, pueden continuar su camino sin más incidentes.

La Luz de Ra

La Luz de Ra no es el típico bar de estación orbital. Como todo para los Helionitas, tiene una fuerte simbología, y en este lugar esa simbología sólo podía significar una cosa, plantas.

Toda la decoración de la Luz está basada en plantas genéticamente modificadas. Las sillas, las mesas, las columnas, son plantas y árboles que crecen de formas naturalmente programadas para adoptar sus funcionales y decorativas formas. Así, todo el local desprende el ambiente natural de una selva de la Vieja Tierra, y sus clientes pueden oler las inmensas variedades de aromas desprendidos por la miríada de flores que nacen, viven y mueren cada segundo dentro del local.

La iluminación es proporcionada por una red de enredaderas luminiscentes que penden del techo, y de las que, de cuando en cuando, brota un bulbo luminoso que, tras una fugaz explosión de luz azul, roja o amarilla, se abre, dispersando por todo el local semillas flotantes que desprenden menguantes luces sobre los comensales.

Obviamente, todo lo que los personajes puedan elegir de la carta tiene el mismo origen vegetal que todo en la Luz. Platos, bebidas y olores son todos composiciones realizadas con las plantas de los invernaderos, algunas de las cuales, todavía no han salido a otros mercados y, de momento, sólo pueden saborearse aquí.

El contacto de los personajes es Evanta, una antigua acompañante de la alta sociedad que ahora realiza encargos diplomáticos, y les está esperando en uno de los reservados del local.

Allí, si los personajes le cuentan su encuentro con los matones, les hará saber que hay otros grupos interesados en la adquisición de las semillas, y que deben tener cuidado. Su valor es mayor de lo que piensan.

Por ello deben moverse rápido, y les conmina a presentarse esa “noche” en los muelles de carga de la Plataforma 7, donde se hará la entrega de la mercancía.

En las tres horas que los personajes pasarán en la estación hasta que llegue la hora del encuentro con su contacto en el hangar, el Director puede organizar un nuevo encuentro con un enviado de los rivales de los personajes en la misión, quizás un asesino a sueldo o una seductora tramposa que trata de drogar y robar a alguno de los personajes (o a varios, las Sirenas de Helion son bien conocidas por las perversiones que su aburrimiento las lleva a aceptar y a proponer).

Hay que hacer algo de tiempo mientras preparamos la otra escena, y esos mismos rivales no quieren, ni por asomo, que los personajes se presenten antes de tiempo e interfieran con su robo.

El Hangar

Cuando los personajes lleguen al hangar de carga de la Plataforma 7, se habrá desarrollado un terrible drama. Un grupo de asalto con uniformes de extraños símbolos habrá dado cuenta de la banda aventurera que sacó de la Tierra la semilla.

Quizás puedan evitar la muerte de todos sus interlocutores, incluyendo a Evanta si son lo suficientemente precavidos como para capturar vivo al asesino de la escena anterior, e interrogarle. Si le “persuaden”, les confesará que su misión era retenerles si no podía librarse de ellos, pues sus patronos tienen quieren para si la semilla, y tienen pensado acudir al Muelle de carga para interceptar la entrega.

Si hacen esto, pueden llegar en pleno asalto, y quizás salvar a alguno de los aventureros que rescató la semilla de la Tierra,

Sea como sea, cuando los personajes llegan al hangar, ya hay varios cuerpos en el suelo, e inmediatamente comienza un tiroteo contra ellos, al tiempo que otro grupo de asaltantes está tratando de meter a toda velocidad un gran contenedor en un carguero ligero.

A su lado, uno de los aventureros moribundo se gira hacia ellos y, señalando el contenedor, dice: “la semilla”.

Ya sabemos lo que toca, tiroteo, pelea, sangre, vísceras y aceite derramado, asaltos mentales, uso despiadado de nanotecnología, inoculación de microvirus letales, contramedidas bioorgánicas, gritos y dolor.

Si los personajes logran acabar con todos los asaltantes, es hora de empezar a hacer preguntas. Quizás la primera que deban hacer, o hacerse, es qué demonios hay en un contenedor tan grande.

La respuesta es, como no podía ser de otra forma, la semilla. O mejor dicho, La Semilla.

La Semilla

Cuando los personajes abren el contenedor una absorbente luz verde ilumina el oscuro hangar desde el interior. Asombrados, contemplan cómo una figura humanoide surge del interior irradiando esta tenue luz, pero no es algo humano.

Flotando en el aire, como si corrientes de aire inexistentes le arrastrasen, una figura levemente humanoide surge del interior del contenedor. Su mirada, o lo que sería su mirada si tuviese ojos discernibles en la masa pulsante que es su cabeza, semejante vagamente en forma y proporciones a la que tendría una mantis religiosa, parece contemplarles sin apenas mostrar ningún signo de que les reconoce como seres vivos.

Parece estar compuesta por una miríada cúmulos globulares de infinitas tonalidades de verde, cada uno de los cuales es un nodo distribuido compuesto a su vez por millones de células sinápticas vegetales (como podrían comprobar los personajes con capacidades oculares aumentadas).

La Semilla, que no la semilla, es lo que los personajes han venido realmente a recuperar. Pronto se hace evidente para ellos que ese era su verdadero objetivo.

Si logran volver a meterla en el contenedor, cosa que no parece demasiado difícil pues la Semilla no parece consciente de su presencia, cargarla en la nave y consiguen salir de ahí sin que los Rayos les paren, entonces habrán cumplido su misión (siempre que decidan llevar La Semilla a su estación base de Firewall, claro, lo que puede que no sea la mejor idea).

Por contra, el desconocido grupo de incursores es desconocido para todos, y puede que los personajes se hayan ganado un peligroso enemigo con si intervención.

Lo que está pasando realmente

La semilla de rafflesia descubierta es sólo una tapadera para lo que los mercenarios descubrieron realmente en la Tierra. Durante una de sus excursiones de recuperación, dieron con un laboratorio secreto de los Titanes.

En él, tras numerosas medidas de seguridad que dieron muerte a más de la mitad de la compañía, encontraron un artefacto extraño, una especie de bola de metal verde que, al ser tocada, se expandió revelando su naturaleza. Lo que parecía una compacta esfera de metal era en realidad un nodo nanotecnológico vegetal, una masa de nanotecnología no silícica, sino herbácea, con millones de células interconectadas que intercambiaban información como otras células intercambian energía a través de sus interfaces.

La Semilla es el resultado de un experimento de los TITANES por la que intentaban desarrollar una inteligencia vegetal superior.

Como resultado, La Semilla posee una inteligencia similar en capacidades a la Humana, pero totalmente distinta en cuanto a su estructura. Su forma de mover los impulsos y la información, sus capacidades distribuidas en nodos, la energía vegetal autosustentable que utiliza y que alimenta el sistema con una forma de fotosítesis, la convierten en una inteligencia casi incomprensible para los humanos. Por ese motivo Firewall la quiere a buen recaudo.

Pero hay otro. El término semilla no sólo hace referencia a su origen vegetal. La Semilla es, además de una IA vegetal, también una IA Simiente (o IA Semilla en el juego). Una inteligencia artificial de tamaño humano pero capaz de autoexpandir sus capacidades y mejorarse a si misma, así como de replicar y mejorar sus éxitos creando otras IA´s vegetales.

Firewall quiere tenerla bajo control, por su potencial para crear algo de tamaño titánico en cuanto a inteligencia, y tan incomprensible como los TITANS, pero no se atreven a destruirla porque esperan que sea posible convertirla en un aliado en caso de que éstos decidan regresar.

Si los personajes la entregan, habrán también creado unas poderosas implicaciones para el mismo juego. Firewall, en conjunción con la Semilla, comenzará a traficar (a cambio de influencia, secretos y recursos para ampliar sus capacidades y defender mejor a la Humanidad) con nuevos desarrollos comerciales y genéticos que darán como resultado la aparición de un conjunto de nuevas razas evolucionadas, esta vez no de animales, sino de plantas, con asombrosas capacidades y habilidades.

Y los primeros en poder utilizarlos y/o reclutarlos serán los propios agentes de Firewall.

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