La miríada de colores crepitantes del Astral apenas logró distraerle de su destino. Toda su voluntad estaba puesta en llegar a donde había sido llamado. No es que hubiese podido oponerse de haber querido, pero este extraño giro de los acontecimientos no era sino el más inexplicable regalo.

La esencia en la que se había convertido ya no recordaba su nombre original, sólo el apodo con el que llegó a ser un rey, antes de…¡antes de la traición!.

Tras esta, su alma había sido esclavizada por Pazuzu, torturada por los siniestros slads muertos y apostada en terribles juegos en reinos que flotaban como discos en el vacío.

Décadas habrían pasado, pero para él habían sido siglos, y él había sufrido pacientemente los horrores que le habían obligado a padecer. El odio y el deseo de venganza habían mantenido vivo su espíritu y cuerda su mente, a pesar del dolor y de las torturas sin fin.

Lejos, el antiguamente llamado El Malvado por sus enemigos, pudo divisar el cuerpo sin vida de una criatura colosal, din duda un dios muerto. En otra vida le hubiese encantado explorar tal maravilla, pero ahora, ni quería ni podía desobedecer la voz que le llamaba.

Los ecos de la invocación resonaban en su mente, repetidamente, imperiosamente, insoportablemente acuciantes, y a la vez increíblemente dulces. Como la promesa de un amor dañino que sabes que será tu perdición, y a la vez, la llama de tu liberación.

Sí, él también había amado y perdido también su amor por la traición. Un amor que ardía con locura en su antiguo corazón, y por el que había hecho grandes cosas y aprendido los secretos terribles de las magias oscuras. Un amor del que había sido arrancado…Pero la hora de la venganza se acercaba.

Alguien, en su mundo, había encontrado su antiguo tomo de conjuros, y lo estaba usando para crear una terrible arma mágica, un arma viviente y con personalidad propia. Y claro, dado que su grimorio estaba impregnado de su propia esencia, no podía ser de otra forma que la primera alma llamada fuese la suya.

Sus captores, sus amos, no estarían contentos, y tratarían de recuperarle, más por venganza que por necesidad. Sólo era un alma entre los millones de espíritus esclavizados, pero era su alma, y vendrían a por ella.

No importaba, una vez en su mundo, les estaría esperando.

Puede que su destino fuese unirse a una hoja bajo el mando del brujo que le había invocado, o regalada a un caudillo. Pero poco a poco, con el tiempo, encontraría una brecha en la mente de su nuevo “amo”, y terminaría por corromperle.

Y entonces, entonces buscaría la forma de ser libre y de vengarse de quién le esclavizó, y de su pupilo. Ese mocoso y el viejo mago Pentegarn pagarían por lo que le habían hecho.

eq1-03sp Las Columnas de Pentegarn

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