La Gran Herida es el principal accidente geográfico que existe en el reino, un inmenso desnivel que, viniendo de las planicies, da paso a una meseta unos ciento cincuenta metros por encima de ellas (aunque en su parte central los riscos superan los doscientos metros de altura).

La escarpadura, que divide dos provincias secundarias del reino, es completamente vertical, y sus riscos y farallones han visto la muerte de muchos cientos de audaces idiotas que querían ahorrarse unos cuantos días de viaje sin rodearla.

Obviamente este singular accidente geográfico está rodeado de leyendas, del tipo que dice que si fue consecuencia de una batalla entre los dioses y los anteriores señores del mundo, o que es la espina dorsal del Dragón del Fin del Mundo, que un día despertará para devorarnos a todos…paparruchas.

O al menos eso piensa el viejo Potrog Gagus. Hijo menor de un noble, condenado a la vida religiosa o a mendigar a sus hermanos mayores, Gagus tuvo una genial idea tras varios días de rodeo para esquivar la Gran Herida cuando su comitiva regresaba de la Provincia de Arriba (sí, se llama así, increíble ¿no?), y trataba de pasar a la Provincia de Abajo.

Tomó la escasa parte que le correspondía de herencia (tuvo que suplicar mucho para que le dejasen tomarla en vida de su padre, lo que le convenció de que sus hermanos tenían poca intención de darle nada tras el fallecimiento de éste) y viajó hasta ese páramo inhóspito que era la parte central de la Gran Herida.

Llevando con él carpinteros, una cuadrilla de constructores y un ingeniero gnomo al que había salvado la vida de una banda de kobolds, Gagus tardó más de dos años en edificar lo que posteriormente sería conocido como una de las maravillas del reino, El Inconcebible Ascensor de Madera de Potrog Gagus.

Una maravilla de la ingeniería gnoma, totalmente construido con madera y uniones de metal, que permite subir en unos minutos (o bajar) ahorrando al menos cinco días de viaje (si partes del centro de la Gran Herida mucho más, pues se tardan cuatro días en rodearla, y otros cuatro en volver a encarar la senda) a quienes paguen por su uso.

Mucho más listo que sus hermanos mayores, Gagus resultó ser un excepcional hombre de negocios. Sabía que para que el ascensor, cuyos clientes tardaron en llegar hasta que comprobaron su fiabilidad y seguridad, sólo tendría éxito si era visto como un punto neutral de paso, así que lejos de poner derechos de admisión, lo abrió a todos aquellos que pagasen su precio, una moneda de oro por persona, o una centésima parte de la carga que lleven (obviamente a la elección de Gagus).

Esto ha convertido al noble menor mendicante que estaba destinado a ser en uno de los hombres más ricos del reino.

Docenas de personas, primero, y luego cientos, llegaron para probar el Ascensor de Gagus, como se le conoce de forma popular, y con el tiempo, se ha convertido en paso obligado para los comerciantes cuyas rutas entre ambas provincias, y más allá, de repente se han hecho rentables gracias al ahorro de días de viaje.

Oliéndose el éxito que iba a tener, Gagus compró los terrenos circundantes al ascensor en ambas provincias, Arriba y Abajo, y ha permitido el florecimiento de dos pequeños poblados de paso cuyas tabernas, posadas, comercios, y viviendas pagan un buen alquiler y tributo para el mantenimiento a Gagus, quien ahora no es sólo inmensamente rico, sino que extiende su influencia por todo el reino gracias a los favores que le otorgan los nobles, aventureros y comerciantes que tienen demasiada prisa para esperar “su turno” en el Ascensor.

Adicionalmente, el ascensor se para unas cuantas veces al año por tareas de mantenimiento, lo que obliga a los viajeros a seguir su camino o a esperar un par de días (las rutinas de mantenimiento están preparadas para durar los justo para que nadie tenga incentivos a rodear la Gran Herida, por supuesto) en la ciudad, gastando su dinero en los locales y tabernas de la zona. Obviamente, Gagus se lleva su porcentaje. Algunos habitantes del poblado han visto un patrón en esas rutinas de mantenimiento, pues suelen coincidir con la presencia en la zona de un noble especialmente insigne o una caravana más rica de lo habitual. Pero ellos no se quejan, disfrutan de los beneficios del negocio y se ríen para sus adentros por la astucia de su patrón.

Con el tiempo, más de uno de sus hermanos ha venido, ordenando primero, mendigando después, a Gagus que le financie alguna campaña, o que le ayude con los gastos de mantenimiento de las propiedades familiares, ya fallecido su padre y a cuyo funeral no fue ni invitado. La ayuda de Potrog Gagus se paga, y sus hermanos más que nadie, y a cambio de sus préstamos, avales directos, y la compra en secreto de deudas a prestamistas de su región natal, Gagus ha ido tejiendo una telaraña de la que sus hermanos no podrán escapar.

Pero ser el propietario del Inconcebible Ascensor de Madera de Potrog Gagus no está exento de problemas.

Varios rivales de otras partes del reino han tratado de arrebatarle la propiedad del Ascensor comprando influencias en la capital, y Gagus debe invertir enormes sumas de dinero en consejeros cercanos al rey, en festines en su propio palacete de la capital y en agasajos a nobles y legisladores para evitarlo.

Tampoco todo el mundo en la zona está contento con la afluencia de gente que ha atraído el Ascensor, en un profundo bosque cercano de la Provincia de Arriba existen un par de mansiones élficas cuyos señores comienzan a estar cansados de tantos viajeros indeseables. Tampoco lo que queda de los milenarios Reinos Negros Enanos, un antiguo imperio subterraneo caído en desgracia y cuyos habitantes, una raza de enanos de tez oscura que malviven de las ruinas de su pasado, han lanzado ya un par de incursiones contra el Ascensor para evitar que sigan llegando aventureros a explorar lo que queda de las ruinas del antiguo reino subterráneo.

Aunque Gagus posee una buena guardia para proteger el ascensor y defender sus intereses en el pueblo, empieza a sospechar que quizás la amenaza sea mayor de lo que él creía, y que deberá ocuparse de ella de una forma u otra, eventualmente.

Ideas de aventuras

Gagus contrata a los personajes, podría volverse un patrón recurrente de los mismos, dada la gran cantidad de tramas que giran alrededor del Ascensor, y necesitar sus servicios a menudo.

Puede hacerlo para negociar la paz con elfos y enanos negros, ofreciéndoles un tratadado de comercio si ve que puede sacar un buen beneficio de su ayuda, o para destruirles si continúan amenazando el pueblo y la maquinaria.

También puede enviarles a su comarca natal, a comprar la Última Deuda, como él la llama. La última hipoteca del castillo familiar con la que será, virtualmente, propietario de todos los vienes de su familia. Los personajes encontrarán la oposición de la familia Gagus, quienes todavía cuentan con hombres leales.

Al tiempo mismo tiempo se verán inmersos en las intrigas ocultas de ladrones, prestamistas y criminales de la zona, cuando descubran que la Deuda no se vende por dinero, sino por la misión de capturar o asesinar al príncipe criminal que amenaza la posición del actual prestamista dueño de la deuda. Esto obligará a los personajes a viajar hasta la capital, donde tiene su base de poder el criminal al que deben “eliminar”, y donde los personajes se verán envueltos en una intriga llena de hombres rata, derros, ladrones, asesinos y hombres sapo.

Gagus también puede usar sus servicios ahora que, Garrick, el gnomo que diseñó el Ascensor ha envejecido. Sabedor de que su muerte está cerca, Gagus quiere que forme a un sucesor en el mantenimiento de la máquina, por lo que deberán viajar hasta los límites montañosos de la Provincia de Arriba para encontrar a un gnomo dispuesto a sacrificar su vida entera para alimentar, mantener y defender a la Máquina. Quizás haciendo un favor a los reyes gnomos y librándoles de la terrible bestia que repta por sus túneles y devora a sus súbditos.

Descripción del Inconcebible Ascensor de Madera de Potrog Gagus

La estructura del Ascensor es francamente impresionante. Una colosal estructura de madera que se eleva más de doscientos veinte metros de altura a lo largo de toda la longitud de la parte más alta de la Gran Herida.

Su robusta estructura permite subir desde una caravana con sus bestias de tiro, a una docena de hombres y sus caballos. De hecho, Gnamis, el gonomo que la diseñó, no está contento con el aspecto basto y duro que Gagus le dió al Ascensor. Él tenía un diseño mucho más esbelto y elegante, pero Gagus insistió en hacer una estructura pesada y de aspecto seguro…”por la mentalidad de la gente, – decía – se sienten más seguros si ven algo que pueden entender y que cuando lo pisan, sienten sensación de seguridad”, algo que Gnamis nunca ha llegado a comprender.

La Máquina, como la llaman Gagus y el gnomo que la inventó, es el corazón del Ascensor. Alimentada por el girar de una veintena de robustos bueyes, posee un mecanismo de cuerda que, una vez completamente “cargado” le permite subir y bajar un día completo sin apenas parar, ayudado por un sistema de contrapesos que le ayudan a recuperar energía.

La Máquina posee también un sistema de alimentación más moderno, invento de su creador, alimentado por el vapor de la quema de aceite para lámparas, pero Gagus lo ve como algo explosivo y peligrosos y prefiere usar la tracción animal siempre que tenga bueyes disponibles…además, los bueyes tampoco llevan una mala vida. Dos o tres horas de duro trabajo a diario a cambio de pastar y vivir bien el resto del día.

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