Me gusta introducir elementos nuevos en los juegos de rol, o formas nuevas de tratar cosas viejas. Hoy quiero ahondar en un concepto, introducir armas de destrucción masiva en los juegos de fantasía en general, y en D&D y Pathfinder en particular.

Lo primero que viene a la mente cuando hablamos de armas de destrucción masiva es pensar en artefactos, poderosos objetos mágicos legendarios de alto poder, como Excalibur, Los Orbes de los Dragones, el Anillo Único, el Órgano Mítico de Heward, la Mano y el Ojo de Vecna, Stormbringer…bueno, todos los conocéis.

Pero dado mi gusto por lo dramático y épico, yo prefiero crear una categoría superior para los artefactos y reliquias más poderosos, la llamaremos, los Artefactos de Destrucción Masiva.

Allí donde un artefacto confiere enormes poderes a su usuario, y por supuesto, dándole el poder de dar o quitar vidas, los Artefactos de Destrucción Masiva (dejadme llamarlos “ADM” aunque sólo sea por no repetirme) no se otorgan poderes o crean conjuros de la forma habitual, sino que causan muerte. Muerte indiscriminada. Punto.

Son elementos de megamuerte, de poblaciones, ciudades, reinos y mundos. Por ello los mayores locos y tiranos de cada mundo de fantasía los persiguen de forma obsesiva, así como los pretendidos salvadores que tratan de mantenerlos alejados de sus garras.

Su posesión inspira locura, y su amenaza, terror. Son, pues, a todas luces, las creaciones mágicas más terribles de la historia de los mundos del multiverso.

Personalidad

Como todos los artefactos, la mayoría de los ADM poseen una personalidad única y, en este caso, particularmente atormentada. No podemos decir que siempre sea así, pero sí que como norma general estos artefactos poseen personalidades enfermizas, obsesivas al extremo y, porque no describirlo así, enfermas.

Rasgos sociopáticos, esquizofrénicos o psicópatas, odio extremo, en ocasiones una genialidad rayana en lo divido, mentes colmena bélicas, estructuras cerebrales fractales…muchos sabios de los diferentes mundos han intentado analizar las personalidades de estos artefactos cuando han caído en las manos de sus señores, antes de intentar destruirlos (cosa que no es nada fácil sin desatar los inmensos horrores que guardan en su interior). Algunos sobrevivieron  sus análisis, algunos, o a los enlaces psiónicos que utilizaron, con las mentes destrozadas, o aterrorizadas hasta el extremo. Los pocos que sobrevivieron se quitaron la vida al cabo del tiempo, incapaces de vivir ni entender en qué mundo, qué clase de dioses, otorgan un poder tan destructivo a mentes tan terribles y seres tan incomprensiblemente alejados de lo meramente humano.

Origen

El origen de los ADM es tan variado como sus propios poderes y personalidades que les hacen únicos. Algunos, son armas de los propios dioses, otros, legados de civilizaciones muertas diseñadas como elementos de venganza póstuma, alguno incluso creado por error durante un fallido experimento que se descontroló.

El Origen de cada Artefacto de Destrucción Masiva debería estar cargado de poesía y drama. No se crea algo así si no hay motivaciones muy poderosas detrás para alimentar la decisión de hacerlo, la determinación de conseguir lo que se necesita y la inconsciencia de usarlo.

Ejemplos

  • El Aquelarre: la sangre de los dioses muertos, un caldero de tamaño descomunal repleta de ella. Un icor rojo que contiene el poder desperdiciado de muchas vidas inmortales y poderosas, y que ha sido corrompido por parásitos no muertos del plano de la energía negativa. Desatar su poder requiere matar a un dios y añadir su sangre al Aquelarre, y sus efectos, bueno, digamos que el nombre de las Cien Plagas se queda corto.
  • El Fuego del Mar: este barco creado por un dios del Sol es probablemente el navío más poderoso que jamás ha surcado un mar. Diseñado para navegar por las corrientes solares, se perdió en el plano material primario, algunos dicen que escapando de su creador. Ahora navega por los mares de diferentes mundos,  huyendo y mientras tanto buscando una tripulación digna de satisfacer sus deseos. Cada uno de sus 152 cañones desata una Tormenta de Meteoros Acelerada de amplio alcance cada tres segundos, cuyas bolas de fuego hacen el triple de daño que el conjuro normal, y que pueden reducir una ciudad o un puerto a cenizas en minutos. El Fuego del Mar puede, así mismo, invocar toda una panoplia de poderes elementales relacionados con el fuego y el agua.
  • El Guantelete de la Muerte: un guantelete de cuero y metal con miles de pequeños diamantes incrustados. Cada uno de ellos controla un golem de diamante, juntos, forman el Ejército de la Muerte, un millar de soldados incansables y casi indestructibles que obedecen como una mente colmena las órdenes del Guantelete (o de quien lo porte, si posee una mente lo suficientemente fuerte como para dominar la voluntad del mismo).
  • La Dorada Colmena: creada con el corazón una de las ruedas de Mechanus, este artefacto de destrucción masiva viaja el cosmos buscando mundos a los que dejarse caer buscando un huesped al que alojar en su corazón. Allí, las gigantescas arañas metálicas que sirven al artefacto comienzan reproducirse y a tejer una tela de araña metálica e invasiva por encima del mundo, capturando a todo ser vivo para unirle a la red de títeres que alimenta al huesped y a la colmena, convirtiéndole en un dios…al menos, hasta que el mundo devastado sea incapaz de alimentar las ansias de la Colmena Dorada y él mismo sea consumido. Hay quien dice que no existe una única colmena, sino miles, y que están creando un ejército absorbiendo mundos para volver a Mechanus como conquistadores.
  • La Forja: creada por un mago que engañó a varios dioses de la guerra de diferentes mundos, La Forja es la creación bélica definitiva. De sus fuegos y moldes surge una generación de artefactos bélicos, espadas, hachas, armas y armaduras de gran poder, capaces de convertir a su propietario en un semidios y al ejército al que abastece en una armada invencible. A cambio, sólo exige el alma de cada uno de los que blandan sus creaciones, las que, según dicen, usa para alimentar los fuegos de su interior.

Usarlos en la partida

Introducir un Artefacto de Destrucción Masiva en una partida puede hacerse de numerosas formas, y no hace falta que sea algo vetado a personajes de bajo nivel. El Artefacto puede ser desde un poderosos adversario a un objetivo de misión, e incluso el motivo de la trama.

Por supuesto, si los artefactos deben tratarse de forma cuidadosa en una partida, los ADM deben manejarse con una extrema precaución. Ponerles ante los ojos de los jugadores les va a dar ideas terribles sobre lo que podrían hacer con él, y eso va a fastidiar una partida e incluso toda la campaña.

Podría ser, por ejemplo, que dos imperios mantengan cada uno sus ADM listos para entrar en conflicto, y un mago loco quiera desatar un incidente con el que desencadenar una guerra apocalíptica por motivos desconocidos. O quizás, un artefacto ha caído del cielo, y los seres más poderosos del mundo intentan conseguirlo para sí, o para mantenerlo alejados de los demás.

Podrías presentarle a los personajes un poderoso PNJ, llamémosle sin ganas de ser original, El Coleccionista, que persigue estas creaciones por el multiverso, y les contrata para encontrar uno de ellos y añadirlo a su colección.

Incluso, si poseen el poder suficiente, El Coleccionista podría contratarles para ayudarle a defender su museo de unos poderosos enemigos que desean saquearlo con el fin de desatar el fin del Multiverso. Así, los personajes deberán defender ante sus atacantes y ladrones cosas como el Arco Siegamundos, el Golem de Montañas, La Corona de las Tarrascas, el Cuerno Congelador de Mares, la Sirena del Apocalipsis, un constructo con forma de mujer cuyo canto desata el apocalipsis en el que crean los habitantes de su mundo, o quizás el más extraño de todos, El Árbol de la Muerte, la Resurrección y la Vida.

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