The Storyteller (del legendario Jim Henson y con John Hurt como protagonista recuerrente en cada capítulo de la primera temporada) fue una de esas series que alegraron nuestra infancia y la hicieron irrepetible.

El Cuentacuentos era precisamente lo que su título prometía, una serie en animación con marionetas y actores reales, narrada por un cuentacuentos maravillosamente caracterizado y su perro, que contaba en cada capítulo un cuento distinto. No un cuento típico de los que oías cuando eras un crío, sino cuentos del folklore europeo que sinceramente, eran brutalmente buenos, y además eran plasmados en la pequeña pantalla con la maestría típica de Henson.

De sólo nueve episodios, la primera serie (la segunda derivada de la misma no la vi), los títulos de cada capítulo fueron:

  1. El soldado y la muerte
  2. Juan sin miedo
  3. El niño afortunado
  4. Cuando me faltó un cuento
  5. Hans, mi pequeño erizo
  6. Los tres cuervos
  7. Cenicienta
  8. El gigante sin corazón
  9. La novia verdadera

Podéis leer una sipnopsis de cada uno en Wikipedia.

Mi experiencia personal es intransferible, pues cada uno debe ver los capítulos con sus propios ojos y asimilarlos a su propia y particular manera.

Pero sí puedo deciros que con ellos mi mundo de fantasía se enriqueció enormemente, pues al verlos, con sus historias originales, su estética característica, y la narración mágica en si misma de Hurt, descubrí que no importa lo que leas, sueñes, imagines o veas, los mundos de la fantasía son infinitos y siempre pueden sorprenderte con cosas nuevas.

En concreto, la mitología y el folklore europeos resultaron ser una fuente de riqueza de historias que a día de hoy sigue sin descubrir en su totalidad. Desde las historias de la Península Ibérica (que nos narra con magistral fórmula el juego de rol de Aquelarre), a las leyendas campesinas de Rusia, pasando por los cuentos alemanes, suecos, italianos, franceses, etc. Y eso sin contar con la mitología griega, la romana, la celta, la vikinga, tan usadas por tanta gente de fuera, pero con tantas cosas sin descubrir.

El Cuentacuentos tomó algunos de esos cuentos y los elevó a la categoría de mito, con elegancia, originalidad y cariñoso cuidado. Convirtió esos 9+4 cuentos en joyas de culto de la televisión. Cuervos, princesas, ogros, gigantes, demonios, la muerte, monstruos bajo y sobre el agua, barqueros, jóvenes sin miedo, soldados compasivos…todo esto y, por suopuesto, mucho más, en una de las mejores series de mi época, y me atrevería a decir que de cualquier época.

Así que ya sabéis, tanto si disfrutasteis de esta serie de niños como si la descubrís ahora, reservad el mejor sitio de la casa, junto al fuego, para El Cuentacuentos.

 

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Nota final: Me encantan los perros de Henson. Buenos y fieles. Un reflejo de sus dueños, aunque un poco más listos.

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