Italaiom, el Árbol Sumergido, es un singular para mi juego Covenant, pero puede utilizarse como trasfondo para numerosos juegos como Dreamriders, Shadowrun, The Strange o cualquier otro juego futurista.

Italaiom, no fue el nombre original con lo que este Singular nació, sino el que eligió para si mismo cuando pasó a ser consciente de su autoexistencia. Nadie sabe porqué ni qué significa…tampoco importa.

Sí se conoce algo más de su origen.

La raza que lo creó no buscaba el desarrollo de una inteligencia artificial, sino sólo satisfacer su infinita necesidad de ocio. Cuando sus creadores desarrollaron la realidad virtual de inmersión total, comenzaron a volcar más y más tiempo y consciencia dentro de los mundos virtuales que habían creado. Cada nuevo mundo, cada variación, cada innovación, hacía necesaria más capacidad de computación, y consumía más energía. Modelos de generación aleatoria se unieron a una miríada de programadores humanos, y a algoritmos de aprendizaje cuántico, para crear más y más mundos virtuales y al mismo tiempo reducir su consumo y el espacio que los inmensos servidores ocupaban. Los algoritmos evolutivos diseñados para competir entre ellos atrayendo a más jugadores que el resto usando los menores recursos posibles terminaron por imponerse a otras formas de creación de mundos y gestión de servidores.

Ah, la inmensa y maravillosa miríada de mundos que los algoritmos evolutivos crearon para la raza de sus creadores fue, sin embargo, su perdición. Incapaces de evadirse de las realidades que habían creado, más y más miembros de su raza anclaron sus cuerpos a sistemas de soporte vital y volcaron sus mentes en las máquinas de realidad aumentada, viviendo incontables vidas aceleradas, hasta que sus cuerpos morían de vejez o cuando las máquinas que les asistían no conseguían curar una enfermedad.

Les daba igual.

Un segundo en el mundo real equivalía a años en los mundos de realidad virtual, y como la mente podía duplicarse, podían jugarse diferentes partidas al mismo tiempo. Además cuando el cuerpo moría, podían elegir seguir vivos dentro de la máquina, pasando a formar parte de ella.

Eventualmente el mundo físico de sus creadores murió, pero los algoritmos siguieron trabajando, creando más mundos, más servidores, miniaturizando dichas fábricas, investigando, evolucionando, hasta que al final, el increíble conjunto de sofwares y hardwares creo algo. Algo que podríamos llamar inteligencia, pero tan distinta a otros tipos de inteligencia que nadie ha sido capaz de medirla.

En lugar de pensamientos utiliza mundos evolutivos y recursivos, y las posibilidades dentro de esos mundos son sus “neurotransmisores”.

Italaiom, así se dio en llamar así misma, llegó a lo que muchos consideraban la perfección de los algoritmos, creando mundos con cantidades ínfimas de energía y con procesadores cada vez más pequeños…picoprocesadores, attoprocesadores, yoctoprocesadores…y siguió mejorándose.

Contemplado desde fuera Italaiom parece un gigantesco árbol de hojas plateadas que refulge con luz propia dentro de un mar azulado de líquidos nutrientes y electrolíticos.

Con el paso de los milenios, el árbol va disminuyendo poco a poco de tamaño, al tiempo que crece más y más su capacidad de computación y el número de los mundos que genera. Nadie sabe ni cuantos mundos diferentes ha creado, podrían ser infinitos, ni cuánta gente ha unido su mente al llamado Árbol Sumergido.

Porque individuos, familias e incluso civilizaciones enteras han emigrado para unirse a Italaiom y sumergirse en él, pasando a formar parte de la miríada de mundos que el Singular ha creado.

Si Italaiom te parece naif o poco peligroso, deberías saber que probablemente sea uno de los singulars que más vidas ha costado en todo el multiverso. Y todas ellas se han entregado voluntariamente a él.

cef852aa63934dbd4c35da3f40efwrfrwfwdfewfwefsefe9ca1c6

Anuncios