Fue uno de los mayores desastres de la guerra Ichar.

Antes de que los Ichar se replegasen a sus ciudades submarinas, justo cuando ya tenían sus mandíbulas sobre nuestros figurados, y a veces literales, cuellos. Dicen que un cisma en sus filas, y un grupo de hombres y mujeres que se infiltraron en su imperio, fueron los responsables de esta tregua frágil que nos salvó sobre la campana.

Sea como sea, la guerra fue un desastre de proporciones bíblicas, donde cientos de millones de personas murieron. Chakron en China, el desastre de Madrid, las plagas de bestias de Nueva Zelanda…¡demonios, dicen que las Malvinas han desparecido completamente! Todo fue desastre tras desastre.

Pero quizás uno de los más terribles episodios de la guerra sea el que popularmente se llama El Levantamiento de París.

Sabéis que cada Ichar es único, y sus poderes tan terribles que les han permitido subyugar a numerosos reinos a lo largo y ancho del Cosmos. Los hay que controlan el fuego, los hay que adivinan el futuro, que huelen los sentimientos y los manipulan como quien toca la tecla de un piano. Y eso sólo los que son de clase baja, los que fueron a la guerra en nombre de sus amos, las Grandes Casas y los Gremios. Si empezamos a hablar de los más poderosos y antiguos de sus representantes, bueno, digamos que para uno de ellos erradicar la vida sobre nuestro planeta sería tan fácil como quien fumiga un jardín para un picnic.

Porqué no lo han hecho antes es algo que se me escapa, pero sólo puedo dar gracias a dios.

A la guerra fueron los pringados. Por ambos bandos. Los pobres y estúpidos por nuestra parte, y los pobres y estúpidos por parte de los Ichar. Clases bajas que se llamaba antes. Esos cabrones de “clase baja” aplastaban compañías de tanques con un gesto, y derribaban aviones de combate con una mirada. Fueron suficientes un puñado de ellos para poner a la Humanidad en jaque, aunque nuestras propias divisiones también ayudaron en esa tarea. No me quiero imaginar tener que enfrentarme a legiones de ellos como dicen que se han esparcido por el mundo.

Ni mucho menos a uno de los Altos Ichar. Chakron jodió China. Ese cabrón le robó el alma a millones de personas. Marchó sobre las zonas más habitadas de China y si no llega a imponerse la paz quién sabe qué hubiese pasado.

Pero lo de París, es al menos, si no más, terrible que este episodio.

Imaginaos que estáis durmiendo tan tranquilos en vuestras casas. Seguros porque los frentes de la guerra estaban en ese momento bastante lejos. Era el principio de la guerra y sólo las costas estaban bajo asedio. Y de repente, comienzan a sonar las sirenas de alarma. Piensas que es un sueño, pero te levantas tambaleante, y cuando te asomas a ver qué pasa, ves un resplandor verde azulado en el cielo y escuchas un gemido que parece salir de todas partes de la ciudad.

Cuando logras fijar la atención de tus adormilados sentidos, comprendes que el gemido, que empieza a parecerse demasiado a un alarido, surge del mismísimo suelo.

Veréis, París es una ciudad inmensa, y bajo ella, se encuentra el mausoleo más grande de la Humanidad. Seis millones de cadáveres han sido acumulados en las canteras romanas de dos mil años de antigüedad. Los muertos de siglos de una ciudad que no sabía dónde mejor meterlos.

Así que ahí estás, durmiendo tan tranquilo cuando un hijoputa venido del fondo del mar, decide que va a darse un paseo por los Campos Eliseos y practicar un poco sus macabros poderes. Ese bastardo de clase alta, cuyo nombre no sabemos, y es extraño porque parece que tenemos sus nombres grabados a fuego en nuestro miedo genético, se planta en lo alto de la Torre Eiffel y usándola como una antena conecta su magia oscura con las catacumbas de París.

Y el poder de ese bastardo no es otro que estrujar los huesos y los cadáveres para obtener una imagen fantasmal de sus antiguos propietarios, y esas imágenes sienten la terrible necesidad de buscar un cuerpo que poseer. Los expertos dicen que no se trata de verdaderos fantasmas, sino de recuerdos epigenéticos ectoplásmicos. Que las almas de esos muertos hace mucho que abandonaron este mundo. Pero qué queréis que os diga, si una cosa fantasmal con el aspecto de una niña de hace mil años intenta comerse mi cuerpo y mi alma yo lo llamo fantasma y me da igual lo que digan los expertos.

Pues bien, estás mirando por la ventana viendo el espectáculo de luces cuando de los adoquines de piedra comienzan a elevarse docenas, cientos de putos fantasmas, y empiezan a atacar a la gente. Esas cosas se pelean entre sí por sus víctimas, soltando terribles alaridos, así que la escena es de todo menos bonita.

Cuando una persona es poseída, bueno, pierde totalmente la razón, enloquece y ataca todo lo que tenga a mano, personas, animales, coches, edificios, mientras babean, defecan y se mean encima…en uno de los edificios arrasados se encontró un móvil con un video, que puedes ver circulando por ahí, de uno de esos “locos”, como los llamamos. Tras dejarse las manos aporreando una puerta, la emprende con ella a cabezazos. No para de golpear ni siquiera cuando los sesos se le desparraman por la ropa.

Y mientras los demás fantasmas buscando más personas que comerse.

Pocas personas sobrevivieron de las que estaban encima o cerca de una de las catacumbas, les explotó debajo de las pelotas una olla a presión de muertos, locos y caos. Muchos de los que vivían cerca lograron coger algo de ropa y salir corriendo, y algunos de ellos sobre vivieron.

De los que vivían más lejos, bueno, se convirtieron rápidamente en refugiados de su propia ciudad. Las carreteras se atascaron a las primeras de cambio, y la gente cogió a sus hijos y mascotas y echó a correr para salir de allí, con los muertos pisándoles los talones.

Nunca he tenido que correr contra un fantasma, pero si tuviese que apostar entre él y un parisino gordo y torpe con su familia a cuestas, bueno, no me encontraríais apostando del lado de los vivos.

Si la cosa hubiese durado mucho más quién sabe qué hubiese pasado. Los muertos estaban a punto de alcanzar las columnas de refugiados tras dar buena cuenta de los rezagado, pero se pararon.

Esto fue antes de la Paz, así que no fue por eso. Dicen que sólo era un experimento del Ichar que lo causó, y que tras obtener las respuestas que buscaba, pulsó el botón de pausa y se fue a otra cosa.

Otros dicen que fue asesinado por uno de los Ichar disidentes, lo que salvó a una buena parte de la población de París y a gran parte de Europa Occidental de una marea de mierda ectoplásmica babeante.

Da igual. Nos salvamos por los pelos, pero nos costó más de un millón de muertos, y una ciudad. No porque no pudiésemos apagar los incendios causados por los locos y por la gente en su huída ni reconstruirla, sino porque nadie en su sano juicio querría vivir ahí.

Y tampoco es porque ahí hayan muerto asesinadas o poseídas un millón de personas, hasta a eso se puede sobreponer la Humanidad. Hablo de que cuando el Ichar se fue, los fantasmas se pararon, pero no desaparecieron. Así que ahora tenemos una de las ciudades más grandes del mundo tomada por un ejército de imágenes fantasmales aterradoras paralizadas, en las calles, en las casas, en los parques, escalando por las fachadas…. Pero quienes han ido ahí dicen que aunque estén paralizados parece que eso hijoputas te miran con ansia, como si sólo esperasen una orden para abalanzarse sobre tu cuello, o tu alma.

Así que así estamos. Un millón de muertos en unas horas, una ciudad perdida, tomada por un ejército que cualquier día puede liberarse de lo que lo ata y abalanzarse sobre la Humanidad.

Los Ichar no han querido intervenir para librarnos de ellos, tampoco hay a quién pedírselo. Seguramente hay contactos entre ambas razas en las altas esferas, y se habla de que algunos ayudan en la reconstrucción, pero no hay un puesto de reclamaciones Ichar al que acudir para limpiar espectros, resucitar muertos o reconstruir ciudades. Además, yo sospecho que la carta de París se va a quedar así esperando a ver cómo va la paz. Es una muestra de lo que nos esperaría si los traicionásemos, una amenaza sutil en el fondo, nada velada en su forma, que nos recuerda que más nos vale comportarnos bien antes los Ichar.

Pero yo qué voy a saber. Sólo soy un soldado más de lo que lucharon contra ellos.

 

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