El Regalo de San Lorenzo es una semilla de aventura para Aquelarre o Ars Magica, pero puede ser adaptado para cualquier juego de fantasía o incluso de ciencia ficción.

El Regalo de San Lorenzo

Cada Noche de la Cosecha, de cada año desde que se tienen registros orales, una lluvia milagrosa desciende sobre nuestras cabezas.

Algunos lo llaman, las Lágrimas de San Lorenzo. Otros, el Regalo. Pero todos lo quieren.

Una vez al año, cuando terminan la mayoría de las cosechas, y los pueblos de Hispania comienzan a preparar los festejos de la cosecha, se produce un hecho milagroso para algunos, demoníaco para otros.

Por toda la geografía de la península (dicen que en otras partes del mundo al sur de nuestros reinos también ocurre, pero nadie ha traído tales pruebas), comienzan a caer estrellas fugaces. Pero estas estrellas son distintas a todas las demás, pues cabalgando en su luz llega un don como no puede ser encontrado en nuestras tierras.

Cada una de estas lágrimas cae sobre la tierra del Señor y deposita en su regazo un trozo de roca y metal con extrañas propiedades. Dicen que no hay dos iguales, que cada uno posee dones diferentes. Con ellos, los ministros santos, alquimistas, magos y brujos logran fabricar sorprendentes objetos. Armas irrompibles, cruces que detectan el mal, delicados animales animados. Algunos los usan para hacer cumplir la Palabra, otros como fuente de poderes oscuros, los comerciantes intentan aumentar su imperio con los extraños objetos y artefactos que surgen de ellos, y los nobles, condes y reyes para resaltar su regio ser.

Si me preguntáis a mí, es todo brujería impía, pero qué sé yo. Yo sólo acompaño al Abad Fermino en su búsqueda de tales objetos para ponerlos al servicio de la Santidad, en una carrera desesperada contra agentes de las artes oscuras y contra cazarrecompensas sin escrúpulos que los venderán al mejor postor como pongan sus manos sobre ellos.

Debo aprestar a Danzarín, mi montura, pues comienza a caer la noche y durante las próximas 20 horas miraré al cielo con la esperanza de ver una lágrima, y después de eso, pasaré un año buscando noticias, rumores y pruebas de dónde ha podido caer una de ellas.

No es una vida sencilla, siempre de viaje al servicio de la Cruz, pero peor es ir a defender el Camino, cazas brujas y diablos o custodiar las murallas de Jerusalem, así que, no me quejo.

Y si al final el Abad tiene razón y las Lágrimas son dones de San Lorenzo, espero poder tener algún día una de estas reliquias y poder retirarme seguro, y protegido por sus dones, de este mundo irreal que las Lágrimas me han mostrado.

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