1984 fue un gran año para las películas y para la mitología ochentera. Ese año vieron la luz innumerables películas que han terminado por ser mainstream y que al mismo tiempo podríamos etiquetar como films de culto por la cantidad de fieles que arrastran.

Terminator, Los Cazafantasmas, Karate Kid, Superdetective en Hollywood, Los Gremlins, la segunda de Indiana Jones, Pesadilla en Elm Street, la Historia Interminable, La Mujer de Rojo, Nausicaä, la segunda de Conan, La Mujer de Rojo, Loca Academia de Policía, Calles de Fuego, …y muchas, muchas más…buscadlas y alucinad.

Entre las que menos éxito de taquilla tuvieron, quizás porque al director no le dejaron hacer la película de cinco horas que quería, está la, para muchos de nosotros, mítica, Dune.

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Muy de actualidad porque estos días ha comenzado a rodarse el reboot, si se puede llamar reboot a algo que nunca llegó a ser una saga.

La obra de David Lynh protagonizada por Kyle MacLachlan y producida por Dino de Laurentiis fue un pequeño desastre en taquilla, pero no tengáis la menor duda de que es a pesar de ello una de las grande sobras de la ciencia ficción del cine.

Considerada por algunos críticos, que no tienen ni idea de lo que hablan cuando las cosas se salen de su campo de juegos y entran en el nuestro, una de las peores películas del año, y siendo un fracaso en taquilla, fue imposible que la que iba a ser una de las superproducciones de la productora contase con una segunda parte (o una tercera y cuartas, como sí cuentan las obra literaria en la que se basa). Porque Dune está basado en una novela. Una magistral obra de Frank Herbert, que tuvo su continuación a manos de su autor, y luego a manos de los hijos del autor.

Sí, lo sé, el libro es mucho mejor, recrea muchísimo mejor el ambiente, los paisajes y los personajes…y la complejidad de los diálogos, las conspiraciones y la estructura social de las Casas, de lo que puede hacerlo una película que fue mutilada.

Los diálogos y las escenas a veces parecen un poco desubicados, como esa voz en off que impusieron para explicar las cosas que no se entendían a causa de los cortes. Pero ese deslavazamiento es lógico cuando la obra se presentan recortada e inacabada. La obra pasó de cuatro o cinco horas a dos, así que imaginad la de cosas que hay por medio que nos perdimos.

Y sí, la idea del método sobrenatural de la película sólo sirve para hacer un poco más superheróico el conjunto, sin aportar nada que con una buena explicación no hubiesen aportado las habilidades de los mentats, los formidables frement y las Bene Gesserit.

Y aún así, es una increíble película.

Recuerdo todavía el anuncio en televisión en el que anunciaban el estreno. La existencia de los escudos cristalinos, mucho más vistosos que los invisibles, pero ominosos, escudos del libro, los gusanos, los inmensos desiertos de arena, las intrigas…me impactó.

Los paisajes están muy logrados (para los métodos de aquella época son una auténtica obra maestra), las naves son evocadoras, y como en la novela, el método de viaje de los Navegantes de la Cofradía da una sensación opresiva que se refleja perfectamente en la trama feudal que refleja la obra.

Los personajes son geniales, con apariciones estelares como las de Linda Hunt, Sting y el Capitán Jean-Luc Picard… perdón, Patrick Stewart, y MacLachlan logra darle un aura casi alienígena al personaje, algo muy necesario cuando se ha de interpretar al Kwisatz Haderach.

La genial banda sonora de Toto (y la intro de Brian Eno) le dieron todavía un carácter más mítico a la película si cabe. Una grandiosidad y una majestuosidad sinuosas que hacen que sea una de las canciones que logran retrotraerte a los 80 con sólo escucharla.

Sobre la trama, a pesar de lo que ya comentamos de los recortes que la redujeron a la mitad de su extensión, es compleja. Nos muestra una intrincada red de complots, con fintas dentro de fintas, y cuya historia nos presenta la lucha de dos casas nobiliarias enfrentadas, que no son sino dos marionetas en un escenario mucho mayor que enfrenta al Emperador con sus rivales de las Grandes Casas del Landsraad con una tercera parte involucrada, la Cofradía de Comerciantes.

Todo en el universo depende de un material, la especia Melange. Con ella, no sólo se amplían los sentidos y la consciencia, sino que los navegantes avezados acortan enormemente el viaje espacial. Ese trasunto del petróleo, que para más inri sólo crece en un planeta desértico lleno de dunas llamado Arrakis, pero también apodado Dune, permite mantener la civilización mediante los servicios de comercio y comunicaciones que la Cofradía presta.

La lucha por el control de este minúsculo pero inapreciable planeta no es sino el escenario de una guerra mucho más importante, la que se libra por el control del Universo Conocido.

A este escenario, que mezcla un sistema feudal con toques renacentistas y contemporáneos, evocado por la existencia de casas nobiliarias en pugna por un emperador y unos trasuntos de Marco Polo mutados por la especia y cuya única obsesión es que la especia mane sin cesar para saciar su adicción y la de una civilización que se derrumbaría sin ella…a este escenario infernal de conspiraciones llega un joven Paul Atreides, hijo de uno de los Duques que pugnan con el emperador por la influencia sobre el Consejo de Nobles.

Paul conocerá en Arraquis al mítico e imbatible pueblo de los fremen, quienes profesan una devoción religiosa por el agua, el desierto y los antiguos relatos sobre un profeta. Gracias a esos mitos y a sus propias habilidades heredadas de su madre, una bruja Bene Gesserit renegada, Paul organiza un ejército capaz de retar, primero en una guerra de guerrillas y luego abiertamente, a los Harkonen, los malos del asunto, y la Casa que el Emperador usa para mantener sus manos limpias.

A la película se le agregan un montón de elementos para hacerla épica, los gigantescos gusanos de arena, la simbología místico religiosa, la ausencia de máquinas inteligentes sustituidas por los mentats humanos, las referencias a un universo mucho mayor repleto de maravillas, y sobre todo, los solitarios e imponentes paisajes del desierto, que tanto en el libro como en la novela, es un personaje más.

La película hubiese quedado infinitamente mejor si hubiesen dejado a Lynch hacer su versión de cuatro horas. Se han sacado después versiones extendidas pero desde luego, nada que pueda compararse a la versión del director en la que muchas de las cosa que chirrían de los diálogos seguro hubiesen sido explicadas.

Imagino que esa imaginaria película de Dune yacerá en los sueños de sus fans, junto con la versión que nunca llegó a rodar Jodorowsky, y que contaba con artistas como Salvador Dalí, Mick Jagger y Orson Wells en el plantel, y como artistas Gráficos a Giraud y al gótico H.R. Giger.

Podéis ver un documental sobre este nunca rodado film, aquí:

http://www.jodorowskysdune.com/

Y a pesar de todo lo que se hizo mal, a pesar de los cortes, de los cambios de guión, de las adaptaciones fallidas de conceptos, y a pesar de Sting… Dune es una de las mejores películas de ciencia ficción que jamás se han rodado, evocando un mundo como nunca se ha vuelto a escribir, y que nos enseña una complejidad insinuada que hace que cualquiera que vea la película quiera sumergirse en la obra de Herberg.

Así que si no la habéis visto, ya tengáis sesenta años, cuarenta o quince, por favor, haceos un favor, y vedla antes de que saquen la nueva.

Y recordad, “desde las fronteras de los increíble, a los límites de lo imposible, un mundo más allá de tus experiencias, más allá de tu imaginación”.

Lo dice Constantino Romero.